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Origen

Jovenes Maria Reyna
Renovacion Carismatica

El Rosario nos ha venido del Cielo. No es cosa puramente humana, que hayan inventado los hombres.


Cuando en el siglo XIII el mediodía de Francia sufría las terribles consecuencias de la guerra de los albigenses, que lesionaba los cuerpos y las almas, Santo Domingo imploraba con fervor la protección de la Santísima Virgen a fin de poner remedio a tantos males.


La Reina del Cielo no se hizo sorda a las oraciones de Santo Domingo, y le reveló que propagase la devoción del Rosario, inspirándole al mismo tiempo cómo debía rezarse para merecer su protección.


Santo Domingo empezó a predicarlo por todas partes, y en sus correrías apostólicas aprovechaba todas las ocasiones para recomendar esta devoción.


El fruto espiritual que se consiguió fue grande. Por ser tan sencilla esta devoción fue muy aceptada y con el correr de los siglos esta devoción fue muy aceptada y con el correr de los siglos arraigó profundamente entre los cristianos, hasta convertirse en una de las principales devociones populares de la Iglesia Católica.


Y en nuestra edad moderna la misma Santísima Virgen habló a San Antonio María Claret, diciéndole que él había de ser el Domingo de estos tiempos en la propagación del Rosario.


Y así fue en realidad. Él escribió, predicó, propagó el Rosario y cumplió ya en su tiempo lo que después tanto ha aconsejado la Virgen en Fátima, o sea, la devoción al Rosario y a su Inmaculado Corazón.